Hoy gran parte se hace en pantallas. Y una parte, ya ni eso: hay covers enteros cantados por una IA. La urgencia por publicar borra el tiempo de sentarse a aprender un instrumento.
En un estudio, alguien de diecinueve años se encierra a grabar su primer disco tocando él mismo cada instrumento: veintisiete en total. Bajo, batería, guitarra, teclados. Capa por capa. Con las manos. Ese disco no se parece a ningún otro, y ningún algoritmo lo va a poder repetir.
